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El Convento de San Francisco de san Miguel de Franciscanos
Observantes de El Puerto de Santa María se fundó a ruegos
del Duque de Medinaceli, don Juan de la Cerda, en una ermita
de Santa Brígida, extramuros de la ciudad, en el año 1517.
En
el año 1570 da comienzo la construcción de la iglesia
conventual. El templo es de planta rectangular con tres
naves, aunque la capilla mayor no fue terminada hasta ya
entrado el siglo XVII. Constaba de capillas laterales para
alojar enterramientos de los bienhechores y con un coro alto
a los pies. En 1605 ya se había construido un sagrario para
el templo, aunque el retablo aún había de esperar. La falta
de recursos económicos hizo que hubiese de posponerse la
construcción del mismo. Probablemente fue comenzado en torno
a 1730 gracias a una donación (realizada en 1722) del
teniente Francisco Pérez Mancheño, el cual está enterrado en
una tumba a los pies de la capilla del Corazón de María, en
la nave de la epístola
[la nave de la epístola
es la derecha conforme se mira al retablo desde los pies de
la iglesia; la nave izquierda se llama del evangelio].
Casi con toda seguridad, la autoría del retablo puede
atribuirse al arquitecto de retablos Matías José Navarro y
su taller, procedentes de Lebrija (Sevilla). También es muy
posible que Navarro aprovechase ideas o diseños previos del
zamorano Jerónimo Balbás. La obra fue terminada en torno al
año 1736.
Es
un prodigio de talla y decoración. Presenta casi todos los
elementos plenamente barrocos como volutas, molduras, hojas
de acanto y los característicos estípites (columnas). Tiene
un cascarón a lo alto que verdaderamente rellena toda la
capilla mayor.
La
distribución es en cinco calles con diversas imágenes del
santoral franciscano. Las hay tanto exentas (en el primer y
tercer cuerpo) como en bajorrelieves (segundo y cuarto
cuerpos). La calle central contiene un manifestador encima
del sagrario, y que actualmente contiene una Inmaculada, así
como una hornacina de construcción posterior donde se
encuentra un Crucificado del siglo XVII atribuido a Pedro
Roldán. Sobre él se ubica el antiguo manifestador que hoy
tiene una imagen de san Miguel, y encima la imponente figura
del Padre Eterno sobre nubes y entre rayos.
En cuanto al santoral están presentes casi todos los
estamentos de la orden franciscana (tanto de las ramas
masculinas como femeninas). Los representados son (siempre
de izquierda a derecha): en el primer cuerpo (figuras
exentas), san Cristóbal, santo Domingo de Guzmán, san
Francisco de Asís y san Antonio de Padua. En el segundo
cuerpo (en bajorrelieve): santa Rosa de Viterbo, santa Clara
de Asís, santa Isabel de Portugal y santa Margarita de
Cortona. En el tercer cuerpo (de nuevo exentas), san
Francisco Solano, san Buenaventura, san Bernardino de Siena
y san Diego de Alcalá. Finalmente, en el cuarto cuerpo (en
medallones): santa Isabel de Hungría, san Pedro de
Alcántara, san Pascual Bailón, y una santa que no puede
reconocerse debido a que le faltan los característicos
atributos.
De
reciente construcción es la capilla del sagrario, a los pies
de la nave de la epístola y al lado de la puerta lateral de
la iglesia. Ocupa el lugar donde estaba el primitivo pórtico
de la iglesia y durante su construcción se hallaron unas
vasijas que están expuestas en la misma capilla. Sobre la
puerta de la capilla del sagrario hay unas pequeñas figuras
de san Nicolás y san Diego de Alcalá procedentes también de
la primitiva iglesia franciscana.
En la misma nave de la epístola se encuentra la capilla del
Corazón de María. La preside una bella talla de la misma,
obra hecha por Castrillo Lastrucci en 1944, junto a san
Joaquín y santa Ana. En dicha capilla están los restos del
jesuita padre Pedro Guerrero (1918-1973), cuya causa de
beatificación está introducida.
A la altura del crucero hay una capilla con las imágenes de
Jesús Cautivo y de Nuestra Señora de los Dolores. Esta bella
imagen de la Virgen es de autor anónimo y data del siglo
XVIII.
En la nave del evangelio, en su cabecera, está la capilla de
la Inmaculada. Esta gran talla también estuvo en el retablo.
Está flanqueada por sendas imágenes de dos santos “luises”:
san Luis de Anjou (o de Toulouse) y san Luis Gonzaga,
titular del colegio.
En el año 1860 la Compañía de Jesús construye el Colegio de
San Luis Gonzaga y la Iglesia de San Francisco, antiguo
convento franciscano. La mitra de esa época la dona a la
comunidad de jesuitas y en el año 1986 se erige como
parroquia, la cual se encomienda a la Compañía.
Como testimonio de la presencia de la Compañía de Jesús
podemos contemplar dos soberbias tallas de los dos santos
más importantes y representativos de la Compañía. Se
encuentran sobre dos peanas en la parte exterior del arco de
la capilla mayor. A la izquierda, san Ignacio de Loyola
(1491-1556) y, a la derecha, san Francisco Javier
(1506-1552). Son tallas de Juan de Mesa (discípulo de
Martínez Montañés) de 1630 procedentes de la Iglesia de San
Hermenegildo de Sevilla. Igualmente se encuentra en una
capilla la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, habitual en
las iglesia de la Compañía. Es obra de de F. Font y P, y
data del año 1930.
Entre el patrimonio de la iglesia también se encuentran
numerosos cuadros, como el de los mártires de Salsette, el
de la Reina y Madre de la Compañía y dos cornucopias con
bellos marcos barrocos que están sobre cada una de las dos
credencias a cada lado de la capilla mayor. A destacar
también los grandes cuadros de Losada que se encuentran en
la parte superior de la nave central. Son de comienzos del
siglo XX. |